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“Un error cometido dos veces no es un error, es una decisión”

¿Te has lastimado, pegado o caído en el piso alguna vez?

Hay una regla dentro de la industria que dice: “la mayoría de los accidentes suceden por cansancio y distracción”. Honda de México tiene un ritual al iniciar su día laboral. Se realiza una serie de ejercicios y movimientos físicos que ayudan a despertar el cuerpo y detectar lesiones físicas. Mi última lesión severa fue en el gimnasio al brincar en un banco de un metro de altura. Yo iba cansada ese día y mi pensamiento antes de brincar y caer era una proyección en el futuro acerca de una acción competitiva; segundos después sentí como se deslizó mi espinilla por una punta quebrada del banco de madera. Fue sumamente doloroso. En ese momento entendí que cada momento que pierdo mi atención y concentración dejó de estar presente.

Esa lesión me dolió tanto y me dejó una cicatriz a causa de la herida que me recuerda lo que puede suceder si permito a mis pensamientos irse al futuro o al pasado.

Quiero contarte que esto lo notó mucho en las personas y lo primero que resulta es su “enojo” o “molestia” ante las consecuencias de no estar presente, sobre todo al tomar una decisión o pasar a alguien más la responsabilidad de lo que no se quieren hacer cargo.

¡Esto no es lo que ordené!

En una ocasión, cuando fui a comer con un amigo, en el restaurante ordenó un rib eye al aguachile. Al llegar su pedido a la mesa dijo: “¿Qué es esto?”, recuerdo que observé el plato y le respondí: “pues lo que ordenaste”, y él contestó: “no me gustan la carne cruda”. Recuerdo mi cara con sorpresa pensando “¡¿Qué?!”, “¡Pero de eso se trata el “aguachile”!, la carne/marisco se cocina con la mezcla de limón y salsas en crudo”. Esto que le sucedió pasó por dos cosas. La primera por no poner atención en lo que describía el platillo y, la segunda, por no preguntar o no cuestionarse si era realmente lo que él deseaba.

Todo el tiempo estamos tomando decisiones y, por distraernos, no razonamos nuestra respuesta. Entonces, al obtener una contestación no deseada ante lo que decidiste, aparecen nuevamente la “molestia” y el “enojo”. Entonces, aquí viene la magia, vamos a explicar cuando es enojo y cuando es disgusto.

El enojo en automático coloca límites. La mayoría de las veces aparece cuando se está cruzando una línea u obstáculo y el desagrado aparece cuando la respuesta nos muestra algo que no vimos y, en ocasiones, se acompaña de control. Lo que sucede es que no soltamos la situación y la pregunta que debemos hacernos cuando aparece el disgusto es: ¿Qué es lo que no estoy viendo?, ¿Con quién me estoy relacionando que no me está haciendo bien? ¿Qué estoy comiendo? En sí, son preguntas que te llevan a observar lo que no ves, lo que no haces, lo que no aceptas y, normalmente, cuando la enfocamos hacia alguien más, es debido a que esa persona me está sirviendo de espejo para mostrarme lo que no estoy viendo.

La respuesta está dentro de nosotros

Al tomar una mala decisión, al no hacerme responsable de mis actos, al pensar que me están quitando algo que me pertenece solemos reaccionar y entonces aparece un disparador que me sacude. Recuerda que la emociones no son buenas ni malas, pero sí hablan. Aparecen para darnos un mensaje y nuestro trabajo es interpretarlas, aprendiendo a conocerlas.

Tips para observar mi nivel de presencia mental y mejorarla.

  1. Escucha un podcast y, si pierdes la concentración de lo que dice más de 15 veces, necesitas trabajar tu atención.
  2. Toma agua siempre al despertar. Durante 8 hrs. el cerebro ha estado deshidratado.
  3. Suelta el celular antes de tomar una decisión. Escucha y mantente presente en lo que estás realizando. El cerebro solo procesa una actividad a la vez. Recuerda: “siempre habrá alguien dispuesto a hacerlo mejor que tú en todo”.
  4. Realiza conversaciones en voz alta contigo mismo. Platica y realiza preguntas ante los sucesos que no te parecieron. Evita colocar juicios. utiliza la siguientes preguntas: ¿Para qué? ¿Qué gano? ¿Deje de hacer algo? ¿Qué es lo que me molestó? ¿Por qué no quiero soltarlo? ¿Qué no estoy viendo? ¿Qué está obstaculizando?.
  5. Trabaja tus emociones y escúchalas. Cerrar la boca al sentir una emoción provoca evadirla. Coloca tu postura sin encorvarte y sin cruzar brazos o piernas, para darle paso y sentir, te ayudará a reconocer que sientes.

Y, por último, quiero mencionarte que, cuando te sea muy difícil soltar la situación que está sucediendo, suele ser porque estamos enfrentando el suceso y solemos sentirnos amenazados. A nuestro cerebro le gusta tener la razón sin importar las explicaciones y te va a mantener reviviendo una y otra vez un teatro primario; es decir, aquellas situaciones que nosotros mismos creamos para revivir una “herida de la infancia”. Por lo tanto, nuevamente te invito a que comiences a conocerte y observarte para generar cambios, realizando preguntas, hacia dónde te diriges y si estás dispuest@ a pagar el precio.

“No obtenemos lo que deseamos por dos cosas. Porque no lo deseamos demasiado o porque quisimos negociar el precio”.


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