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Cruza el desierto y encuentra la tierra prometida.

La vida es un constante desierto que si te atreves a vivirlo te llevará al mejor lugar del mundo, “el oasis que vive dentro de ti”.

En la vida de cada uno de nosotros existe un momento en que caemos y tocamos fondo. Recuerdo que en algún momento pensé: “no puedes caer más al fondo”, a esto yo lo conozco como desierto. Te aseguro que, al igual que yo, has tenido varios y te voy a contar que el primero fue completamente crucial; en el 2015 justo después de salir de la empresa “Honda de México” en la que fue mi ultimo empleo hasta el momento.

Comencé un negocio espectacular, pensé que todo el mundo lo amaría al instante al igual que yo. Ahora es conocido como “El barco”. Resulta que tenía un dinero ahorrado que invertí completito en la remodelación de un espacio familiar antiguo y descuidado, en su momento no lo vi así pero, fue mi ticket al emprendimiento y a demostrar a los demás que también era parte del clan emprendedor de la familia (la mayoría trabajaban en negocio propio), entonces, cambiar mi vida de un día para otro, fue el primer pie en el desierto, me negaba completamente a cambiar mi estilo de vida, en donde cada fin de semana iba de compras, al antro, podía irme a la playa si yo quería y la siguiente semana sin broncas lo reponía; puede parecer lindo tener el dinero para gastarlo así pero créeme, tirarlo es lo más tonto que he hecho en mi vida.

Cuando empecé a invertir sin saber cómo utilizar las tarjetas de crédito, sin conocer los sistemas bancarios, llegué al primer lugar donde “generé estomago para los negocios”, hielo para tomar decisiones, días interminables sin nada de clientes, pagos de nómina, proveedores, endeudada hasta las pestañas y sin un peso, recuerdo que me invitaron a un grupo de empresarios y no tenía dinero para trasladarme, fue un proceso muy, muy duro.

Una amiga y mi mamá fueron grandes soportes. Mi amiga “bicho” (tiene ese nombre de cariño porque cuando teníamos 13 años se fue a japón becada y le decían saltamontes), recuerdo que me escuchaba por el teléfono y me decía: “nunca te había escuchado así”, me siento impotente porque no sé cómo ayudarte, aunque con el simple hecho de escucharme hacía bastante. Mi mamá sin darse cuenta me impulsaba todo el tiempo, a sus 80 y tantos en ese momento me daba palabras de aliento, formaba mi mentalidad de empresaria diciendo: “en un negocio se tiene paciencia, los clientes se irán acostumbrando a los horarios así que aunque no vendas abre”, paso a paso implemente mi propio sistema para ir saliendo de las deudas, hablé con los proveedores y pedí tiempo, fui bajando la deuda al paso, pagando infinidad de intereses a los bancos pero logré salir victoriosa, ese desierto de dos años me dejó un gran aprendizaje sobre cómo manejar mis finanzas, lo que funciona y lo que no y, sobre todo, a crear, a mantener actividades para los clientes, a invertir sin recibir, aquí comenzó el tema de empoderarme, me di cuenta que soy capaz de generar por mí misma, dejé de tenerle miedo a acercarme a los clientes y a atender, a escuchar las quejas y recomendaciones, a darme cuenta de que cualquier empleo es importanten el que sea, que recoger basura no te hace alguien sucio o de menos valor que el gerente que está sentado solo firmando; cada posición tiene un poder y cada función necesita un esfuerzo, seguir creciendo depende de ti, tus valores jugarán un papel muy importante al igual que identificar tus habilidades y áreas de oportunidad, hacer las cosas porque tú quieres hacerlo, no porque te lo imponen, es un riesgo que debes tomar, esa motivación nace de ti.

Definitivamente fue una escuela espectacular, incluso aprendí a negociar y a generar confianza con las personas que comienzan a hacer negocios contigo, generas estabilidad y mucha resistencia, aprendí a confiar en mí y a apostarle a mis locas ideas.

Este desierto también me enfrentó a monstruos enormes de mi misma, el primero fue el monstruo de la frase que seguramente te hará clic: “no puedo más”, fue la primera frase que comencé a quitar de mi mente, pasando al “sí puedo”.

Reflexionando que la vida y la superación tienen un precio, que determinar quién quiero ser es básico para poder salir del hoyo en el que estaba, y la lección mas valiosa fue entender que el dinero es un vehículo que te lleva y te ayuda a generar más, pero no te hace ser, salir a fiestas y ser súper popular como en su momento lo fui, (créeme, Honda me daba la posibilidad de ir al lugar que fuera y tener muchos privilegios en ese momento), el dinero no te hace tener lealtad, muchos amigos eran superficiales, muchas personas ni siquiera estaban porque querían estar, permanecían porque ocupaban algo de mí, pero no por mi esencia, aprendí que las persona que se quedan lo hacen porque aman hasta tu sombra, y que el químico de las emociones si no está bien regulado puede hacer que destroces algo que amas, incluso puedes herir cruelmente a alguien porque no estas consiente de lo que haces, solo estás reaccionando, porque el veneno en ese momento está dentro de ti.

Así que decidí que era necesario formarme y empoderarme, pues seguramente, como algunos de ustedes, crecí en un entorno familiar machista, lleno de reglas puestas por mamá y cambiadas por papá, y pensaba que ser rebelde era la mejor forma de ir contra el sistema y que, solo “teniendo”, podría demostrar que “soy suficiente”, y definitivamente quiero compartirte que no es así. ¿Has escuchado la frase de “primero hay que SER, luego HACER para poder TENER”?, tiene un valor inmenso.

Ponerme metas ligeramente alcanzables me haría dar pasos firmes para crecer, y aumentar mis logros. Colocarte metas que no puedes hacer te hará desertar rápidamente, ya que todo tiene un proceso de crecimiento y compararte no te hará llegar a ningún lado, únicamente tu ego será constantemente quebrantado para llevarte a pensar lo que no eres capaz y a llenarte de cosas que no necesitas, a demostrar lo que no eres, y perderte de lo hermoso que es actuar de manera genuina. Con esto quiero llevarte a que observes cual ha sido tu desierto y que hoy te ha hecho más fuerte, te llevó al primer grado de empoderamiento, te generó cambios y, en ese momento, posiblemente pensaste que no lograrías salir de él pero, la recompensa de cruzarlo, hoy por hoy, te hace más fuerte, te saca de ese victimismo que lo único que te aporta es la ganancia de la atención por parte de los demás y genera que vivas en una pequeña jaula.

Para poder salir de ahí, hay que realizar acciones; abrazarte fuertemente y seguir caminando es la única forma de salir de ahí. Aceptar que las cosas nos pasan para enseñarnos a evolucionar, es un camino sin agua que te va a forzar caminar despacio, con hambre y con la sensación de que no hay salida.

Pero si te atreves a vivirlo te llevará al mejor lugar del mundo, “el oasis que vive dentro de ti”


One thought on “Cruza el desierto y encuentra la tierra prometida.”

  1. Ivette Mancilla dice:

    Coincido en tus palabras, me hacen clic… Uno de los sentimientos que más me afecto fue “ya no puedo más” conecté con eso… Para cambiar necesite un proceso y hoy me siento totalmente renovada, muchas gracias por compartir, te quiero y admiro al 1000‼️

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